Bueno ¿qué? Está visto que si no os arreo no dais señales de vida...
¿Pero no habíamos quedado, solemnemente, bajo palabra, de que antes de que empezara el otoño uno de vosotros iba a dar señales de vida?
Decid al menos por dónde andáis, qué hacéis y porqué no habéis mandado aún comentario alguno.
¡Felicidades Viqui!, ya me he enterado que los catorce te han aprobado...
¿Y tú, Rodri, por qué mundos andas? No me has dado ni siquiera un toque en todo el verano...
Bueno, vale, no me digáis nada, está visto que el refrán ese de "el ojo del amo engorda al caballo" es muy cierto.
Por mi parte, como ya podéis suponer, como soy el amo de blog, lo que más me interesa ahora es ir sacando a relucir mi libro, mi novela, que tiene mucho de ensayo porque me he documentado de los más conspicuos paleo-antropólogos del mundo.
Por ello, estoy dándole forma literaria definitiva al primer capítulo para publicarlo aquí.
Se trata, como os he apuntado en alguna ocasión, de una de las innumerables odiseas que hubieron de darse en la época más extraordinaria que el ser humano ha vivido en toda su historia (mejor dicho: en su prehistoria); las vividas, y todas ellas olvidadas, durante el especial periodo conocido como "Paleolítico Superior"; época en la que, al coexistir las dos especies más humanas de las que tenemos constancia, la neandertal y la cromañón, nació en nosotros la inquietud sobre el misterio de la vida, de la existencia; y todo lo de bueno y malo que tal percepción implicó.
No se si me explico... pero lo mejor es que el que se sienta intrigado por lo que la novela pueda deparar, a la vista de este primer capítulo, la lea entera.
Y no es por presumir de humano, pero creo que, aún siendo difícil hacerse a la idea de lo que en aquél tiempo éramos capaces de hacer, lo que sé que es seguro es que éramos mucho más listos de lo que muchos antropólogos creen y ponen de manifiesto. Y digo esto a sabiendas de que por muy progresista que sea y quiera ser yo al respecto, estoy seguro de que en la mayoría de los escenarios imaginados pecaré de suponernos mucho más torpes de lo que en realidad éramos.
Hoy ya no digo más, solo que la novela ya está escrita, pero que he de darle cierta calidad literaria, lo que significa que incluso ese primer capítulo, a la hora de la verdad, puede sufrir alguna rectificación, que nunca será más que variaciones de expresión sobre un tema ya fundamentado.
Hasta luego queridos.
¿Pero no habíamos quedado, solemnemente, bajo palabra, de que antes de que empezara el otoño uno de vosotros iba a dar señales de vida?
Decid al menos por dónde andáis, qué hacéis y porqué no habéis mandado aún comentario alguno.
¡Felicidades Viqui!, ya me he enterado que los catorce te han aprobado...
¿Y tú, Rodri, por qué mundos andas? No me has dado ni siquiera un toque en todo el verano...
Bueno, vale, no me digáis nada, está visto que el refrán ese de "el ojo del amo engorda al caballo" es muy cierto.
Por mi parte, como ya podéis suponer, como soy el amo de blog, lo que más me interesa ahora es ir sacando a relucir mi libro, mi novela, que tiene mucho de ensayo porque me he documentado de los más conspicuos paleo-antropólogos del mundo.
Por ello, estoy dándole forma literaria definitiva al primer capítulo para publicarlo aquí.
Se trata, como os he apuntado en alguna ocasión, de una de las innumerables odiseas que hubieron de darse en la época más extraordinaria que el ser humano ha vivido en toda su historia (mejor dicho: en su prehistoria); las vividas, y todas ellas olvidadas, durante el especial periodo conocido como "Paleolítico Superior"; época en la que, al coexistir las dos especies más humanas de las que tenemos constancia, la neandertal y la cromañón, nació en nosotros la inquietud sobre el misterio de la vida, de la existencia; y todo lo de bueno y malo que tal percepción implicó.
No se si me explico... pero lo mejor es que el que se sienta intrigado por lo que la novela pueda deparar, a la vista de este primer capítulo, la lea entera.
Y no es por presumir de humano, pero creo que, aún siendo difícil hacerse a la idea de lo que en aquél tiempo éramos capaces de hacer, lo que sé que es seguro es que éramos mucho más listos de lo que muchos antropólogos creen y ponen de manifiesto. Y digo esto a sabiendas de que por muy progresista que sea y quiera ser yo al respecto, estoy seguro de que en la mayoría de los escenarios imaginados pecaré de suponernos mucho más torpes de lo que en realidad éramos.
Hoy ya no digo más, solo que la novela ya está escrita, pero que he de darle cierta calidad literaria, lo que significa que incluso ese primer capítulo, a la hora de la verdad, puede sufrir alguna rectificación, que nunca será más que variaciones de expresión sobre un tema ya fundamentado.
Hasta luego queridos.